Bailo con una Muerta

Cuentan en Ixtlán que una noche se encontraba en un baile del pueblo un joven llamado Mariano, quien conoció a una chica con la que comenzó a bailar y a intimar. Ella le dijo su nombre y él el suyo. Bailaron toda la noche, rieron, bebieron y se divirtieron juntos.

La noche estaba fresca y cuando salieron del lugar ella sintió frío. Él, por supuesto como buen caballero, le cedió su saco y caminaron.El muchacho la acompañó hasta su casa y le dijo que quería volver a verla. Ella le respondió que le devolvería el saco, que se lo haría llegar y que pronto sabría de ella. Se despidieron y él se fue.
Al día siguiente Mariano no dejaba de pensar en ella y de manera atrevida e impaciente no pudo esperar y se dirigió hasta dónde la había llevado la noche anterior.

Al llegar a la casa y llamar a la puerta salió una señora preguntando a quién buscaba, y Mariano respondió que buscaba a esa chica.

La señora, al escuchar el nombre, se puso pálida y alterada le preguntó si era una broma de mal gusto.

Mariano le contestó que no lo tomara a mal pero que él había bailado con ella la noche anterior, que le había prestado un saco porque hacía frío y quería recuperarlo –era la excusa que había preparado para volver a verla–.

La mujer al escucharlo y sentirlo sincero le respondió: “Querido…eso es imposible, tú me estás hablando de mi única hija, pero ella hace siete años falleció”.

El joven al escuchar esto sorprendido, le sugirió que era obviamente un error, que no hablaban de la misma persona.

La señora entonces le pidió que la acompañara al cementerio que no estaba lejos, ambos se dirigieron hasta la tumba de la chica y asombrado vio que su saco se encontraba sobre ésta.

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